"Dios le concedió dos dones al hombre: la esperanza y la ignorancia. La ignorancia es el mejor", V.H. | www.blog.eoran.com

diciembre 28, 2007

ram onaécO

¿Dónde empieza el final del mar? O más aún, ¿a qué nos referimos cuando decimos mar? ¿Nos referimos al inmenso monstruo capaz de devorar cualquier cosa o a esa ola que espuma en torno a nuestros pies? ¿Al agua que te cabe en el cuenco de la mano o al abismo que nadie puede ver? ¿Lo decimos todo con una sola palabra o con una sola palabra lo ocultamos todo? Estoy aquí, a un paso del mar, y ni siquiera soy capaz de comprender dónde está él. El mar. El mar.
Un poema en prosa; una acuarela de imágenes hermosas, grotescas, suaves, sordas, ásperas, hilarantes. Una acuarela, porque las pinceladas son diáfanas y dejan verse unas a las otras; no se tapan, sino que, hermanas, se mezclan, se separan y vuelven a mezclarse.
¿Intenso, largo, manso, breve? No importa. Sólo un libro bello. Muy bello.

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¿quién?

Soy un aprendiz. Soy un hijo. Soy un profesor. Soy un empleado. Soy un amigo. Soy un diseñador. Soy un hermano. Soy un escritor. Soy un expectador. Soy un lector. Soy un cineasta.

Soy todo esto y no soy nada.

 

Soy Emmanuel.

¿dónde?

¿cómo?