"Dios le concedió dos dones al hombre: la esperanza y la ignorancia. La ignorancia es el mejor", V.H. | www.blog.eoran.com

febrero 24, 2008

oibmac ed seria

La escuela + la chamba + las lecturas + las escrituras + el ocio + un largo etcérera =  aires de cambio

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febrero 18, 2008

aísevart

Y muchos días después, el hombre se levanta y se mira. Se toca los brazos y la cara, y no se reconoce. No se sabe él.
Siente su conciencia que se transparenta, y se difumina hasta perderse en el blanco de sus ojos, que es blanco de su piel y de su pelo.
Y de su sexo.
Se vuelve para ver lo que ha dejado atrás, pero no ya está. Acaba de cruzar el mar.

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febrero 13, 2008

odnum orto

−¡Hola!
−¡Hola, Emmanuel!
−¡Amigo Emmanuel! Casi no te reconocí, por el pelo corto.
−¿Qué pasó, a dónde van?
−A comprar el regalo de la novia de Lalo.
−Ah, ¿es su cumpleaños?
−...
−...
−¿...?
−Mañana es 14 de febrero, Emmanuel.
−...
−Vives en otro mundo.

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febrero 11, 2008

saugarap ed aivull

Consigna: Texto que involucre una lluvia de paraguas. 10 minutos contados.

Lo despertó el sonido del silencio. Saltó sobre la cama y se quedó quieto, mudo, esperando a que su conciencia lo alcanzara.
Entonces se levantó y buscó a Tomás; tomó la carnaza para llamarlo. Lo acarició y revisó que tuviera croquetas en su plato. Cogió las llaves y arrancó un verso del pelo blanco del perro, y lo metió en su bolsillo. Abrió la puerta y salió.
El primer encuentro con el cielo fue transparente, pero a cada paso, las nubes engordaban y se ennegrecían hasta gemir.
Apresuró la marcha, y a pesar de sus zancadas, el cielo pronto cedió y se le dejó caer encima.
Él trotaba levantando los hombros, pero no evitó empaparse. Los primero paraguas eran pequeños, amables, y le advertían de la tormenta que se acercaba. Lo golpearon suavemente uno, dos, tres de éstos, y los vio despedazarse en el suelo.
Frente a la tupida lluvia, él intentó coger un taxi pero no pudo: el transporte público deja de funcionar durante el mal tiempo. Los alambres se les meten en el motor y estorban en la batería.
Los paraguas no tardaron en caer más grandes y más pesados. Él avanzó hacia una tienda, pero el dueño lo detuvo y cerró la cortina de golpe.
Miró a su alrededor. ¡Un kiosco, un pórtico, algo que lo protegiera!
Un paraguas le cayó justo sobre la cabeza, y lo hizo gritar de rabia. Dolorido, corrió sin rumbo por las calles, ésas serpenteantes y desconocidas que lo devoraban y acercaban lejos.
Otro paraguas en el brazo. Luego otro, grosero, sobre la espalda.
¡Ea! ¡Ahí, en la esquina! Una fuente.
Más paraguas, de nuevo en la cabeza. Y en la muñeca, y en el tobillo y en el brazo izquierdo.
Se precipitó hacia la fuente con la vista empañada y sacó el verso del bolsillo. Se cubrió rápidamente con él, y sacudiéndose los paraguas, saltó al agua.
Un trueno fuerte, espantoso, ensordecedor. Entonces la vio.
Ella ahí, enfrente suyo, mirándolo con una sonrisa de lástima y reprobación.
La tormenta había terminado.

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febrero 08, 2008

aritnem al

Me acostumbro a la sorpresa.
Mis oídos duermen, y mi razón cabecea;
le canto las mañanitas, pero sólo sonríe y vuelve a dormitar.
Nos rodean las nubes, y los barcos y los rieles.
Estamos solos, muchas décadas antes.
Lejos.
Y no extraño.

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¿quién?

Soy un aprendiz. Soy un hijo. Soy un profesor. Soy un empleado. Soy un amigo. Soy un diseñador. Soy un hermano. Soy un escritor. Soy un expectador. Soy un lector. Soy un cineasta.

Soy todo esto y no soy nada.

 

Soy Emmanuel.

¿dónde?

¿cómo?